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Los cortejos fúnebres de Fuerteventura antes de los cementerios

Apunte sobre una prestación vecinal que se mantuvo en Puerto de Cabras hasta mediado el siglo XIX.

Los caminos tradicionales o históricos de Fuerteventura están "llenos" de cruces que, a su vera, se levantan adosadas a pequeños poyos de piedra seca. Ambos elementos, así instalados junto a los viales, recuerdan pequeños altares. 
Pero muchos de ellos son, en realidad, descansaderos de ataúd, reposaderos en el traslado de los cadáveres hasta la suelo sagrado en las respectivas sedes parroquiales; una costumbre que precedió a la legislación de cementerios de la década de 1830, pero que, en Puerto de Cabras, dependiente de Tetir en lo espiritual hasta 1906, se mantuvo hasta que en 1871 inauguraron su propio camposanto, hartos como estaban de subir la dichosa Cuesta que luego llamaron de Perico. La Cruz de La Española (Teresa López), fue uno de aquellos hitos en la ruta del cortejo fúnebre hacia la Vega de Tetir.



Cargando un difunto en Fuerteventura. Reproducción  del dibujo de Paul Merwart publicada por la FEDAC

Hasta principios del siglo XIX era habitual que los muertos se trasladasen desde los pueblos a la parroquia, para ser enterrados en suelo sagrado. Entonces no había cementerios y los cadáveres recibían sepultura bajo el propio pavimento de la iglesia parroquial. Allí, sin la caja, se depositaba al difunto amortajado con el hábito designado en sus últimas voluntades, y se recuperaba el ataúd para ulteriores servicios.
Lo penoso del asunto en etapas pretéritas se valora cuando vemos que Fuerteventura es una isla alargada y que los pueblos distan mucho entre sí; y si a ello unimos las altas temperaturas que por aquí suelen darse, acarrear la caja de finados en plena canícula podía resultar una ardua labor. Por eso, cuando el muerto era un bebé -me contaban algunos viejos- (que por la edad  podía no estar bautizado), muchas familias sencillamente lo enterraban en el cercado de tuneras, próximo a la casa, una ocurrencia que pudiera resultar grotesca a quien esto lea, pero también era un ahorro para la comunidad, que tenía que recurrir al servicio de prestación personal para los traslados.
Porque ¿Quién se encargaba de acarrear a los muertos?
En el Antiguo Régimen las cofradías de ánimas se ocuparon de buena parte de los trayectos, del ceremonial y de recolectar para ayudar a la viuda cuando el finado era cofrade o hermano en aquellas sociedades. Pero lo normal era que fuesen los propios deudos y amigos del muerto quienes arrimaran el hombro o prestasen algún camello para verificar el traslado a lomos de aquella bestia.
Nada dicen las actas del antiguo Ayuntamiento o Cabildo Insular hasta 1799, razón que nos hace pensar en que los muertos se llevaron a tierra sagrada en la forma antes insinuada, usando la caja comunal que se guardaba en la cripta de la parroquia matriz de Betancuria hasta no hace mucho. Y el muerto se inhumaba amortajado con los hábitos de su devoción cuando así se contemplaba en su testamento. Y tampoco sabemos si por el entierro se pagaba algún canon; una duda que se nos disipa en parte al contemplar que la caja era de la parroquia y el suelo que acogía al muerto, también.
Otra cosa distinta comenzó a plantearse cuando se construye el primer cementerio de la Isla en Casillas del Ángel, fruto de la ampliación de su iglesia y de la erección de la parroquia de Santa Ana con una más amplia arquitectura.
Y cuando en la década de 1830 comenzaron a funcionar los ayuntamientos contemporáneos, la costumbre se hizo ley y como tal se contemplaría en las ordenanzas municipales. Y el acarreo de los cadáveres pasó a ser obligatorio, sumándose a la prestación vecinal o personal que ya se exigía para la limpieza de caminos y fuentes, por ejemplo.
La prestación pasó a ser en nuestro municipio un servicio obligatorio, exigible a todos los varones de más de 18 años, con exclusión de los ancianos y contemplándose, como era también habitual en el XIX, la redención a metálico o mandando, los que podían, a sus propios peones cuando les tocaba cargar el muerto.
Hasta 1871 esto fue así... Puerto de Cabras trasladaba a sus muertos hasta la Vega de Tetir para ser allí enterrados en suelo sagrado, y en el cementerio parroquial que en dicho pueblo se construyó en la década de 1840. Se hacía por el servicio de prestación obligatoria, exigida por el Ayuntamiento.

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