Los corrales del concejo o, simplemente, corrales concejiles, eran y son infraestructuras del sistema agropecuario tradicional de Fuerteventura.
Los construyeron y se encargaron de su mantenimiento los vecinos de los distintos pueblos, tal y como hicieron desde siempre con maretas, aljibes, gambuesas y paredes de costa, en piedra seca. El antiguo cabildo y la justicia real ordinaria conocieron de su funcionamiento.
Muchos han sido recuperados e incluso reinventados con unas dimensiones y en sitios que no eran los habituales. Pero por lo menos se intentan mantener como vestigios de una tradición agrícola y ganadera, formando parte del precario equilibrio entre agricultores y ganaderos.
Hay quienes los desprecian basándose en que no recuerdan haberlos visto en funcionamiento; con un planteamiento tan simplista como ese nos se debiera estar al frente de decisiones que afectan al patrimonio histórico, etnográfico y, en definitiva, cultural.
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| Corral del Concejo del Valle-Los Llanos de Santa Inés, una construcción del siglo XVIII (Foto Paco Cerdeña/Cuaderno de Puerto de Cabras) |
El que nos ocupa en estas líneas lo hicieron los vecinos del Concejo del Valle y Llanos de Santa Inés en una loma, al margen derecho o norte del Barranco del Valle. Al estar este corral atendido también por gente de Los Llanos, confirma que las parroquias de Casillas y de Betancuria lo utilizaron y compartieron, aunque se encuentre dentro del término de la Villa.
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| Detalle de un plano de hacia 1881, muy cerca del entorno de nuestro Corral Concejil (Archivo Baltasar Manrique de Lara y Martín-Neda, Gran Canaria, cito por Concepción Rodríguez:2009) |
Es una construcción de la primera mitad del siglo XVIII y se mantuvo en funcionamiento durante casi doscientos años.
Se levantó en medio del natural proceso que intentaba mantener equilibrio entre los dos subsectores del mundo agropecuario insular: el de los agricultores-colonos y el de los ganaderos. Los titulares de las capellanías de El Cigarrón y de la de Campo Viejo, volcados en la roturación de sus tierras en el tránsito del siglo XVIII al XIX, demandaban que el ayuntamiento insular o antiguo cabildo evitase que los ganados invadieran las nuevas vegas, y también las viejas, que en esto los apoyaron los vecinos de Santa Inés. Frente a ellos los ganaderos estaban incómodos con los rompimientos, ampliaciones de rayas de vega y roturaciones que se hacían sobre las zonas de pasto comunal en las Costas de Las Salinas, del Cangrejo y de Janey. Posturas encontradas muchas veces, pero llamadas a intentar un entendimiento por su respectiva importancia en la precaria economía insular, como siempre se había hecho.
En medio de aquel contexto de avance agrícola y retroceso en la tierra destinada a pastos, se llevaron a cabo pleitos que, desde la justicia real ordinaria de la isla, llegaron a la Real Audiencia de Canarias, pues ante el Cabildo, por ejemplo, no se ponían de acuerdo más allá de levantar las paredes de costa que aún vemos por los Morros del Sol, y el Corral del Concejo que nos ocupa.
Los hechos ocurrieron aproximadamente entre 1734 y 1793, prolongándose a las primeras décadas del silgo XIX. La aristocracia rural, heredera de capellanías y mayorazgos, se posicionó ante lo que se veía venir con el pensamiento ilustrado y la revolución liberar de principios del siglo diecinueve; en esto apostó y defendió la agricultura.
Estamos ante una edificación del siglo XVIII.
La construcción que nos ocupa y que funcionalmente operó como Corral Concejil durante más de doscientos años, fue, ni más ni menos, que la cárcel para retener al ganado infractor y díscolo que amenazara la convivencia.
En sus instalaciones se habilitaron espacios para las distintas reses y una dependencia para almacenar forraje y agua para el mantenimiento del ganado detenido. Pero esto llevaba unos gastos y el pago de salario al encargado de la "prisión" y por eso la administración municipal se esforzó en identificar a los animales y en notificar a los municipios colindantes: comisionados y veedores de marcas asesoraban a la alcaldía a través de sus alcaldes de barrio para cartearse y anunciar las reses que se hallaban encerradas en tal o cual Corral Concejil. En nuestro caso fue frecuente la correspondencia con Casillas del Ángel y Antigua, pero también con Puerto de Cabras y Tetir.
Así es que estamos ante una estructura de piedra seca que, por la distribución de sus elementos, merece especial cuidado. Sus paredes, aún con paños que superan el metro y pico de altura, se mantienen en pie para deslindar el suelo público municipal en que se asienta; bueno, eso y el entorno que la costumbre destina a la reparación de paredes y que contempla el mismo código civil vigente. Pero, siendo municipal, ya es suficiente para que se conserve como infraestructura anexa a la ganadería tradicional, lindera con espacios de aguada (las fuentes de Virama) y terrenos e infraestructuras de la agricultura de siempre.
El Corral del Concejo se halla sobre una loma en la ladera norte del Barranco del Valle, muy cerca de la fuente que mencionamos y del gavias y nateros que han conformado el espacio agrícola desde tiempo inmemorial.
Esta construcción forma parte del patrimonio inmueble municipal y, tal y como nos contaban los mayores, allí se encarcelaban las reses que causaban daños en las sementeras o ramoneaban en los frutales del entorno. Una versión del litigio que solía suscitar el apresamiento de ganado, unas veces guanil y otras marcado, nos la proporcionó Francisco Navarro en su estudio sobre el municipio de La Oliva (Navarro Artíles:1987). Pero ya en el XIX, con todos los ayuntamientos de la isla en marcha, se generó la correspondencia a que antes aludíamos entre las distintas alcaldías para localizar a los dueños de las cabras, ovejas o camellos apresadas en sus respectivos corrales concejiles. Y el procedimiento en ambos casos era similar: multas para el propietario localizado, subasta para el ganado sin marca.
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| Los ayuntamientos mantuvieron activa correspondencia sobre apresamientos en los respectivos carrales concejiles (Foto Paco Cerdeña/Cuaderno de Puerto de Cabras) |
Pero volvamos a nuestro Corral del Concejo de Santa Inés.
La infraestructura se compone de tres espacios claramente diferenciados y separados por paredes de piedra seca, en cuyo remate superior se colocaban lajas a tizón para impedir la fuga: en la parte inferior, mas cercana al cauce del barranco, estaba la "celda" de las reses menores, normalmente cabras díscolas; por encima de este compartimento estaba el de las reses mayores, como burros y camellos, por eso allí hay una tercera estancia donde aún se ven argollones de amarre; por último hay un espacio para el agua y los forrajes para alimento de las reses cautivas. Este último es un espacio mucho más pequeño pero más alto, y tiene señas de haber estado cubierto, y en sus paredes se ven aún las alacenas en que se anclaban los depósitos para el agua.
Es un milagro que esta infraestructura se conserve en estas condiciones, pero, insisto, ahí está convidando a su conservación, como las propias gavias, norias, tahonas y taros del entorno.
Me atrevería a decir que este tipo de corral cuasi se olvidó en los catálogos de casi todos los ayuntamientos cuando, desde la década de 1960, la economía insular se volcó hacia el turismo.
En los tiempos que vivimos, cuidar los elementos del paisaje tradicional y las infraestructuras que crearon nuestros antepasados y que se empezaron a abandonar mediado el siglo XX, es una obligación. Porque no importan que se recuerde o no verlos en funcionamiento; también fueron abandonadas múltiples servidumbres y caminos que, simplemente se han usurpado o perdido al no ser incorporados a los inventarios y registros de bienes de las respectivas municipalidades.
El caso de los corrales, ya lo dijimos más arriba, estuvieron funcionalmente activos hasta avanzada la década de 1960.
La propia ciudad de Puerto del Rosario que, como sabemos, nació en medio de la zona de costa ganadera, disponía de un Corral Concejil en lo alto del acantilado, muy cerca de la desembocadura del Barranco de Puerto de Cabras, donde se perfilaba el nacimiento de la villa y puerto. Estaba donde hoy se levanta el Centro de Mayores de la ciudad, en la bifurcación de los antiguos caminos de Casillas del Ángel y El Matorral por los Pozos, hoy calles Profesor Juan Tadeo Cabrera y García Escámez, respectivamente.
Copyright Francisco Javier Cerdeña Armas, Lo Corrales Concejiles y su entorno: Virama, 1734-1793.


