Caminando del Valle a Los Llanos de Santa Inés. Una visita a la ermita en el día de su fiesta.
Apenas dos kilómetros y medio separan estos pueblos de los municipios de Puerto del Rosario y de Betancuria, respectivamente, en Fuerteventura. Una distancia que el caminante puede recorrer en un ratito, algo más pesado cuando se acomete el ascenso por el Lomo de Tetir; pero se compensa cuando, al girarse, desparrama la vista por la llanura central de esta parte de la isla, contemplando las lomas y los Morros del Sol, montañas igualmente sagradas, molinos, cadenas, nateros y gavias y paredes de costa. Desde allí la aldea, como alguien dijera en otra época, recuerda una bandada de gaviotas blancas posadas.
Suele decirse que la Historia apenas se detuvo en nuestros pueblos, como si su mera existencia no tuviera la identidad suficiente para recordar sus escarceos con la memoria majorera; como si las alusiones que a sus vecinos se hacen en las actas del antiguo cabildo fueran ficción. Pero se los convocaba para limpieza de caminos y fuentes, se los convidaba a nombrar sus representantes en aquella vieja institución. Es como si el estanque de la memoria rebosara en la Villa Histórica para regar los páramos de Fuerteventura.
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| En el camino de Lomo Tetir, llegando a Los Llanos [Foto Paco Cerdeña/Cuaderno de Puerto de Cabras] |
Para empezar y como es tiempo de fiestas, el caminante reflexiona sobre los patronazgos y la toponimia:
El Valle de Santa Inés o de "los tiestos", debe su nombre a doña Inés Peraza quien posiblemente fundó allí la ermita que confirió el patronazgo al Otro Valle, para distinguirlo del de Betancuria. El hecho debió ocurrir en los primeros momentos de presencia europea en la isla; no pudo encontrar la fecha en que se bendijo aquella nueva ermita, pero averiguó que desde principios del silgo XVI ya se decía misa allí, cada veintiuno de enero, la fiesta más fría y, a veces, la más lluviosa de esta ínsula.
Leyó que "Los Llanos de la Concepción eran conocidos como del Otro Valle o de Santa Inés" hasta finales del siglo XVIII; aquí el empeño no se debió al empuje de ningún noble o descendiente de conquistadores, sino al empuje de los vecinos, alentados por don Joseph de Armas, a cuyo empeño debemos, por extensión, el cambio y consolidación del topónimo de su pueblo.
Conviene pues recordar a quienes con su esfuerzo hicieron posible la erección de la ermita de Los Llanos, aunque la guinda fuera puesta por doña Clara Álvarez, viuda de Betancuria y donante de la imagen y retablito de la Inmaculada Concepción (Cerdeña Armas, inédito):
Entre aquellos citaremos a los vecinos Joseph de Armas, Antonio de la Peña Armas, Domingo Cerdeña Vera, Antonio Armas Negrín, Pedro Fabricio, Bartolomé Lasso, Sebastián Vera, Pedro Alfaro, Melchor Suárez, José Suárez, José Peraza, Francisco de Armas Cerdeña, Joseph Agustín, José Ruiz, Juan Jacinto de Armas, Sebastián Cerdeña y Juan Cabrera Melián.
Pensó que el poblamiento de los Llanos se produjo entre roturaciones y ganadería...
Y comprendió cómo desde siempre estos dos pueblos compartieron devociones y advocaciones que se enredan en la toponimia y la memoria colectiva. Los de los Llanos, como colonos y ganaderos que descendían de la Villa a través de Santa Inés, donaron cuadros a la ermita del Valle, entre ellos el de La Inmaculada Concepción, pues aún no tenían ermita. En algún sitio leyó que, durante siglos, los de los Llanos y los del Valle oraban y festejaban juntos en la ermita de Santa Inés.
El caminante leyó que a finales del siglo XVIII, los vecinos de Los Llanos del Otro Valle o Llanos de Santa Inés, suscribieron la iniciativa de Joseph de Armas y lo secundaron en la solicitud, ayudándolo a levantar allí una ermita a la Inmaculada Concepción; justo entonces se hacían las oportunas encuestas episcopales para redistribuir las jurisdicciones parroquiales en Fuerteventura. Y aquí debieron responder que para qué ir a la Villa para formalizar registros sacramentales, si tenían más cerca la parroquia de Santa Ana que promovían en Casillas y, de paso, se ahorraban la cuesta del Morro de Velosa.
Lo que supuso fue que ambos pueblos (el Valle y los Llanos) debieron visitarse con bastante frecuencia, como lo demuestran los parentescos y noviazgos con que se rompía una excesiva endogamia en cada lugar. La recíproca asistencia a sus fiestas patronales debieron propiciar encuentros que no supo si se hicieron en forma de romería (como actualmente se prodigan por estos andurriales) o de simple asistencia a la función y consecuente puchero en uno y otro pueblo, seguidos o precedidos de algún que otro baile de cuerdas.
Se acercan las fiestas de este año, en ambos pueblos: 15 de agosto en Los Llanos y 24 de agosto en el Valle. El caminante decide sacar su móvil y, como suele hacer cualquier viajante, sacó algunas instantáneas para ilustrar estas reflexiones.
Copyright Francisco J. Cerdeña Armas/ Los Llanos en fiestas, 2026.


